La leche y los derivados lácteos son una importante fuente nutricional
Beneficios y propiedades de la leche

La leche es capaz de cubrir, por sí sola, las necesidades energéticas y de nutrientes de los mamíferos durante el periodo de lactancia, siendo la única fuente de nutrientes hasta los 6 meses de edad en el caso de los humanos. Además, la leche tiene vitaminas y minerales esenciales para el normal mantenimiento de las funciones del organismo a lo largo de todas las etapas de la vida.

En este sentido, un adecuado consumo de leche y derivados lácteos durante la infancia ayudará al desarrollo y mantenimiento de huesos y dientes, así como a reducir la pérdida mineral ósea durante la edad adulta, gracias a su contenido en calcio1.
En general, los diferentes tipos de leche entera, semidesnatada y desnatada, incluyendo también las leches fortificadas con vitaminas y/o minerales, se diferencian entre sí por su valor energético y su contenido en ácidos grasos, colesterol, calcio y vitaminas.

La leche y los hidratos de carbono

Los glúcidos o hidratos de carbono son la principal fuente de energía para nuestro organismo, por lo que deben cubrir entre el 45 y el 60% de las necesidades calóricas diarias2. Asimismo, contribuyen al funcionamiento normal del cerebro y están implicados en la recuperación de la función muscular normal después de realizar un ejercicio físico intenso y/o prolongado.

El hidrato de carbono predominante en la leche es la lactosa. Este disacárido, formado por glucosa y galactosa, es digerido en el intestino por una enzima conocida como lactasa. Este azúcar es el responsable del sabor ligeramente dulce de la leche. La leche aporta alrededor de 40-50 g de lactosa por litro.

Lípidos lácteos

Los lípidos no solo constituyen una fuente de energía para el organismo, sino que también se encuentran formando parte esencial de las membranas celulares y facilitan la absorción de ciertos nutrientes como las vitaminas liposolubles. Además, son una importante fuente de ácidos grasos esenciales.

La grasa de la leche se encuentra en forma de microglóbulos formados mayoritariamente por triglicéridos que a su vez se rodean de proteínas, fosfolípidos y colesterol. Estos también contienen pequeñas cantidades de ésteres de colesterol, vitaminas liposolubles, como la vitamina A y D3 y β-caroteno. Estos fosfolípidos poseen una gran importancia nutricional por su papel emulsionante de la propia grasa láctea y de la grasa alimenticia en general.

Por otro lado, actualmente podemos disfrutar de una gran variedad de leches con diferente cantidad de materia grasa, como la desnatada, la cual posee menos de 0,5 g de grasa total por 100 ml. La semidesnatada, con entre 1,5 y 1,8 g de grasa total por 100 ml, y, por último, la entera, con un mínimo de 3,5 g de grasa total por 100 ml3.

La leche y las proteínas lácteas

La leche de vaca contiene alrededor de un 3% de proteínas. Estas proteínas están compuestas por numerosas fracciones entre las cuales las caseínas constituyen el 80% del total y las proteínas séricas, el 20%.

Las caseínas presentes en la leche se encuentran formando un complejo de fosfoproteínas y glicoproteínas, conocido como micela, capaz de transportar componentes como el calcio.

Las proteínas lácteas se caracterizan por tener un elevado valor biológico, comparable con las presentes en otros alimentos como el pescado, la carne o los huevos. Además, juegan un papel en el normal desarrollo y mantenimiento de huesos y músculos, entre otras funciones.

Contenido en minerales de la leche

La leche contiene diversos minerales, destacando especialmente el calcio. Se trata de un mineral imprescindible para el organismo, participando en la formación y mantenimiento de huesos y dientes en condiciones normales, especialmente durante la edad infantil, en la que las necesidades de ciertos nutrientes, como el calcio, están aumentadas. También contribuye al funcionamiento normal de la neurotransmisión y del metabolismo energético.

Asimismo, la leche y los derivados lácteos poseen otros minerales como el fósforo, magnesio, potasio y zinc, constituyendo una herramienta adecuada para alcanzar los requerimientos diarios de estos nutrientes.

Los lácteos y las vitaminas

En lo que respecta a las vitaminas, la leche posee tanto vitaminas hidrosolubles como liposolubles, la tiamina (B1), riboflavina (B2), niacina (B3) y, en menor cantidad, el ácido fólico. Entre las vitaminas liposolubles, la vitamina A o retinol, es la que se encuentra en mayor concentración.

Se debe tener en cuenta que cuando se elimina la grasa de la leche, también se reduce la cantidad de vitaminas liposolubles como la A y la D3. Es por ello, que se pueden encontrar en el mercado leches desnatadas fortificadas o enriquecidas con vitamina A.

Este tipo de leches fortificadas constituyen una buena herramienta nutricional, especialmente en algunas situaciones como la osteoporosis. Estas también destacan por su mayor contenido en calcio, vitamina D y en vitaminas hidrosolubles como el ácido fólico.

En definitiva, la leche y los derivados lácteos son una importante fuente nutricional, que proporciona energía y nutrientes esenciales, como el calcio, y proteínas de alto valor biológico, y que podemos incluir en nuestra alimentación de 2 a 3 veces al día.

1EFSA NDA Panel (EFSA Panel on Dietetic Products, Nutrition and Allergies), 2015. Scientific Opinion on Dietary Reference Values for calcium. EFSA Journal 2015;13(5):4101, 82 pp. doi:10.2903/j.efsa.2015.4101

2EFSA Panel on Dietetic Products, Nutrition, and Allergies (NDA); Scientific Opinion on Dietary Reference Values for carbohydrates and dietary fibre. EFSA Journal 2010; 8(3):1462 [77 pp.]. doi:10.2903/j.efsa.2010.1462

3Reglamento (UE) Nº 1308/2013 del Parlamento Europeo y del Consejo de 17 de diciembre de 2013 por el que se crea la organización común de mercados de los productos agrarios y por el que se derogan los Reglamentos (CEE) nº 922/72, (CEE) nº 234/79, (CE) nº 1037/2001 y (CE) nº 1234/2007.